hibba y hassan forman parte del 52 porciento 

Según las últimas estimaciones de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), el 52 por ciento de las personas desplazadas forzosamente en el mundo son menores de 18 años. Dicho de otro modo, más de la mitad de las personas refugiadas y desplazadas dentro de sus países por la guerra, la violencia y la persecución son niñas y niños. Un colectivo vulnerable y, al mismo tiempo, clave para el futuro de sus comunidades, de sus países de origen y acogida y de regiones enteras. Privar a estos más de 36 millones de menores de sus derechos fundamentales, entre ellos la educación, no solo pone en riesgo su futuro, sino el de los propios derechos humanos.

UN ÉXODO SIN PRECEDENTES

Las cifras también revelan una situación de emergencia a nivel global: 70,8 millones de personas en el mundo son desplazadas forzosas: el mayor número registrado hasta la fecha; más que la población entera de países como Francia.

 

De ellas, 26 millones son refugiadas: personas que han tenido que cruzar las fronteras de su país para salvaguardar sus vidas. Más del doble que en 2012, después de 7 años de aumento continuado.

 

Una crisis se eleva por encima del resto por su magnitud y duración: la guerra de Siria, que ya ha costado la vida a 400.000 personas, mantiene fuera de sus fronteras a 6,7 millones, siendo el principal país de origen de refugiados en todo el mundo. De estos 6,7 millones de sirios, el 85 por ciento vive en países de la región, la inmensa mayoría en Líbano, Turquía y Jordania.

 

Líbano es el país que más refugiados acoge en relación con su tamaño: una de cada seis personas es refugiada. Casi un millón de personas registradas por ACNUR, pero que podrían ascender a millón y medio según otras organizaciones humanitarias.

Y es en Líbano, este pequeño país limítrofe con Siria, donde queremos poner cara a nuestro 52 por ciento.

NUESTROS EMBAJADORES

“Hemos decidido sumarnos a esta campaña, luego de ver las imágenes de Siria. Desde hoy nos sumamos a la campaña #52porciento” 

-Juana Acosta y Alfonso Bassave, Actores 

 

EL CONTEXTO
Tras más de ocho años de guerra en Siria, la situación de la población refugiada en Líbano está lejos de resolverse. El conflicto sigue enquistado en varios frentes, impidiendo el regreso a gran parte de los sirios en el exilio, y la destrucción de sus hogares, de las infraestructuras y de la economía disuade a muchos otros.

Líbano, que no es firmante de la Convención de Ginebra sobre el Estatuto de los Refugiados y que, por tanto, no garantiza sus derechos básicos por ley, los obliga de facto a la vida en asentamientos provisionales construidos con materiales precarios como madera, chapa o plástico, donde sólo se permite levantar muros de hasta cinco ladrillos que los protejan de las inundaciones. Una vida en la que el acceso al empleo, la sanidad o la educación es cada vez más difícil, y donde las familias, tras haber agotado sus ahorros, se ven condenadas a subsistir gracias a la economía informal y a la ayuda humanitaria. 


“El 69% por ciento de las familias refugiadas sirias en Líbano viven por debajo del umbral de pobreza.”

LA INFANCIA
En este contexto, el sector de la población más vulnerable es la infancia. Sumado al trauma de haber vivido la guerra y el tránsito al país de acogida, el desarraigo y la pérdida del hogar y de seres queridos, las niñas y niños refugiados sirios se enfrentan a mayores riesgos que el resto de la población. El matrimonio infantil, la explotación laboral, los abusos o la discriminación son algunos de los peligros a los que están expuestos, y que amenazan con convertirlos en una generación perdida. Ante esto, la mejor herramienta para protegerlos y salvaguardar su futuro es la educación.

Sin embargo, el acceso a la educación para las niñas y niños sirios en Líbano, pese a ser uno de los derechos humanos fundamentales y estar recogido entre los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, está lejos de garantizarse. 

El 58% de las niñas y niños refugiados sirios en Líbano no están escolarizados.


Alrededor de 319.000 niños (el 48%) no tienen acceso a ningún tipo de educación (formal o informal).

La saturación del sistema educativo libanés, el uso del inglés como lengua de escolarización en Líbano, que la mayoría de niños sirios no dominan, o la falta de medios de los padres para costear matrículas, material o transporte son algunas de las razones detrás de esta alarmante situación. Con el sistema educativo libanés desbordado crecen las tensiones entre los estudiantes, siendo los refugiados sirios los que más sufren estas consecuencias: acoso escolar, estrés, inadaptación, discriminación que, a menudo, conllevan un abandono de los estudios por su parte. Para ellos, esto implicará consecuencias graves en su transición hacia la madurez, además de crear problemas en la comunidad.

LOS PELIGROS FUERA DE LA ESCUELA
Abandonar la educación supone un coste que el menor pagará el resto de su vida. Por un lado, se le priva de las herramientas que le permitirán afrontar un futuro como adulto o adquirir habilidades para mantenerse. Por otro, la situación desesperada de las familias hace que opten por soluciones como el matrimonio precoz o el trabajo infantil, ante la dificultad para mantener a sus hijos, o protegerles de peligros como el acoso o el abuso sexual (en el caso del matrimonio).

“Se estima que entre el 60 y el 70 por ciento de los niños refugiados trabajan. Estas cifras son mayores en el valle de la Bekaa, por el peso de la agricultura”.

“El 85% de los niños que trabajan en Líbano lo hacen en condiciones de explotación, expuestos a altos riesgos y sin protección”.

“El matrimonio infantil se ha disparado hasta un 27% desde 2013 entre los refugiados sirios.”

El 41% de las jóvenes sirias refugiadas se casaron antes de los 18 años. Una cifra que cae al 20% en el caso de aquellas con educación secundaria, y al 5% entre las que cuentan con educación superior.

En todos estos casos, es necesario ofrecer a los niños una salida, mostrar a sus familias que la única esperanza para su futuro es la educación y fomentar de manera comunitaria modelos positivos de conducta. 

Estos menores son el futuro y, si no se trabaja con ellos, pueden llegar a ser una generación perdida, además de servir de caldo de cultivo para organizaciones terroristas (como es el caso de ISIS), siempre ávidos de reclutar nuevos activistas, siendo la población analfabeta y marginada su prioridad número uno.

LA ESCUELA ALE ASKAR

La escuela a la que asisten Hiba, Hassan y otros dos centenares de niñas y niños refugiados sirios es Ale Askar, un pequeño centro ubicado en un asentamiento informal aledaño a la población de Bar Elias, en el Valle de la Bekaa, la región que alberga el mayor número de refugiados sirios de Líbano, unos 350.000.

 

ONG Rescate, presente en Líbano desde 2006, fundó la escuela en 2015 para garantizar el acceso a la educación de los niños y niñas del campo y de los asentamientos vecinos.

 

En la escuela se imparte educación informal (matemáticas, lengua, ciencias e inglés) bajo las directrices de UNICEF. Además de proporcionarles conocimientos, la enseñanza en Ale Askar permite que, llegado el momento, los alumnos puedan incorporarse al sistema educativo oficial y proseguir su educación en fases superiores.

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