El primer 8M de Taira

Taira 8m

«El Día de la Mujer pienso salir a la calle, gritar, bailar, celebrar lo que hemos conseguido y así recargarme de fuerzas para seguir conquistando derechos». Taira, Colombia.

Nunca antes he participado en ninguna manifestación o evento un 8 de marzo. En Colombia, en mi país, a las mujeres trans no se nos tiene en cuenta. Para la sociedad no somos mujeres. Para muchos, ni siquiera somos personas. Sin embargo, este año será diferente, al menos para mí. Tengo mucho que celebrar.
 
Hace cinco meses mi vida dio un giro radical. Fue entonces cuando llegué a España. Atrás dejé a mi madre y mis seis hermanos y hermanas. Pero tenía que encontrar una salida. Y es que mentiría si dijera que he tenido una vida fácil, cuando la realidad es que ni siquiera tuve infancia. Era todavía un niño cuando sufrí el rechazo, la discriminación y el maltrato de mi padre, lo que me obligó a abandonar mi casa. Durante años viví con otra gente que, a cambio de ayudarles con tareas domésticas, me acogieron. A los 20 años me tiré a la calle, descubrí su dureza y, durante mucho tiempo, la prostitución fue mi única alternativa laboral y de supervivencia. Ese fue el alto precio que tuve que pagar para convertirme en quien ahora soy: Una mujer trans. Una mujer. Taira.
 
Cuando echo la vista atrás, la violencia es siempre protagonista de mis recuerdos. He presenciado masacres, conflictos a mano armada, sé lo que es la tortura, he tenido que huir de mi pueblo porque querían matarme por mi condición sexual. Algunas secuelas de esa crueldad las llevo grabadas en mi cuerpo, como esa bala que me atravesó la mejilla después de que un acosador me disparara. Las cicatrices, como el dolor, no se borran, pero te recuerdan que sigues con vida. Conozco a otras mujeres trans que, o han sido asesinadas o se han suicidado porque no han aguantado la presión, el acoso, la violencia contra ellas. Contra nosotras. En cambio, yo puedo decir que, por amargo que sea, vivo para contarlo.
 
Pese a todo me siento una persona fuerte, capaz de valorar lo bueno que dios me ha dado en la vida y este es mi momento. He solicitado protección internacional para gozar de la seguridad que jamás tuve. En este tiempo también estoy aprovechando al máximo cada oportunidad, por eso estoy estudiando. También estoy recuperando la parte de mí que no me dejaron ser. Me siento tan mujer como me sentía en Colombia, pero ahora mucho más segura de mí misma.
 
En parte esto es posible gracias a un equipo maravilloso de profesionales, de la ONG Rescate, que pone el alma en su trabajo. Ellas me protegen, me tratan con dignidad y, lo que es mejor aún, me enseñan que yo puedo seguir luchando. Y ya nadie me puede parar.

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